
¿Qué tienen en común una radio de galena, un mago inglés, el British Museum, el monte Ararat, la catedral de Santiago y un pequeño pueblo de Galicia? Aparentemente, nada; pero en manos de un artesano de la novela, como es el caso del turolense Javier Sierra, se descubre un universo de tradiciones y búsquedas iniciáticas exprés, como corresponde al siglo XXI, por el que los ángeles, de carne y hueso, hacen de las suyas a espaldas de la humanidad.
El escritor turolense presentó anoche su última obra, “El Ángel Perdido”, en el Edificio de las Mariposas de Almería, ante un concurrido público que disfrutó de un análisis profundo de los engranajes que formaron parte de la redacción del libro, un auténtico best-seller internacional traducido a decenas de idiomas, y un fenómeno editorial precedido por el éxito de “La Cena Secreta”.
El responsable de presentar a Javier Sierra a los almerienses fue Alberto Cerezuela, conocido investigador del misterio de El Ejido, quien calificó al novelista como “uno de los grandes, si no el que más, el mejor escritor de novelas de investigación que existe y un fantástico investigador”.
Javier prefirió definirse a sí mismo como un “chico de Teruel” y resumiendo su éxito en una sencilla fórmula: “Si uno persigue sus sueños, todo es posible, pero uno tiene que comprometerse a perseguirlos”. Y vive Dios que él lo hizo, preguntándose desde bien pequeño por temas fronterizos como los OVNIs, el yeti, el triángulo de las Bermudas…
Una experiencia vital que lo ha llevado a hacer de “El Ángel Perdido” una nueva “Quête”, o libro de búsqueda (sagrada), como ya fue hace 6.000 años la “Epopeya de Gilgamesh”, la “Odisea”, El “Cuento del Grial” o el propio “Quijote”; textos en los que se repite un mismo esquema en el que lo aprendido por el camino es más importante que el objeto o fin que se persigue.
Pero ¿cuál es el “ropaje interno” de esta carrera de 72 horas que emprende Julia Álvarez –protagonista de la novela-?
Como muchas otras veces, todo comenzó por casualidad en 2006, cuando Javier llegó a Londrés para promocionar “La Cena Secreta”, justo el mismo día en el que se celebraba la primera sesión del juicio por plagio contra Dan Brown, noticia que le llevó a cancelar su agenda para poder asistir a la vista oral, suspendida después de que la acusación pidiese pruebas sobre la presunta paternidad de Jesús de Nazaret.
Una cosa llevó a la otra, y el escritor anduvo hasta el British Museum, más concretamente en las colecciones inglesas de los siglos XVI y XVII. Allí, su atención fue rápidamente presa de las ‘Piedras oraculares usadas por John Dee para hablar con los ángeles”. Se trataba de una simple bola de cuarzo, un espejo de obsidiana y unos sellos de cera con símbolos de un idioma desconocido.
Entonces, Javier Sierra se dio cuenta de que Dee no era el único que había utilizado piedras para hablar con el otro mundo, y comenzó a preguntarse por qué había sucedido esto, y, asociando ideas, se acordó de la radio de galena de su abuelo, lo que, a su vez, le llevó a pensar si estas piedras no podrían ser una especie similar de radio… Aunque a una escala bastante mayor, pues, como Arthur C. Clarke ya dijo, “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia“.

Luego vendría la investigación sobre Dee, mago, astrólogo, astrónomo y consejero de la reina Isabel I, que recibió de los ángeles el “Enoquiano”, un idioma “perfecto” cuyos símbolos se encuentran en algunas de las 400 lápidas sepulcrales de la iglesia de Santa María a Nova de Noia ¡En Galicia! Un templo construido sobre arena de Jerusalén con una misteriosa tumba medieval, supuestamente de un tal “Juan de Estivadas”, un personaje con demasiados rasgos en común con el bíblico Noé.
Claro que la leyenda dice que Noia fue fundada cuando el patriarca bíblico alcanzó el vecino monte Aro, en el Finis Terrae.
El Diluvio Universal, otra pieza más en el complejo puzle de “El Ángel Perdido”, con unas 240 versiones en todo el mundo.
La CIA, como no podía ser de otro modo, hace acto de aparición, gracias a una foto tomada el 17 de junio de 1949 en la frontera de Turquía y la URSS, en la que se observa en el perfil del Ararat una formación rocosa de 130 metros de largo clasificada como “Anomalía del Ararat”, que no fue mostrada al público hasta 2005.
Esto no impidió que los rumores circulasen por todo el planeta, de forma que durante décadas se han organizado incontables expediciones para dar con el Arcade Noé, con personalidades tan importantes como el astronauta James Irwin al frente.
Expediciones que propiciaron hallazgos tan curiosos como un trozo de madera petrificado que, según el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria, es de un roble de hace 5.000 años. Madera de roble en un monte en el que no hay robles; algo puramente circunstancial, pero que deja volar la imaginación.
Así las cosas, Javier Sierra decidió liarse la manta a la cabeza y, junto al alpinista César Pérez de Tudela, intentó escalar el Ararat para llegar a la “Anomalía”. A 4.600 metros de altura, y sólo a 50 de su objetivo, una tormenta ascendió y superó a los exploradores, impidiendo, como en toda buena “Quête”, la consecución de su objetivo, además de hacer que durante 11 días descendieran de forma ininterrumpida.
Javier Sierra contaba con todos los permisos pero, al parecer, no con el divino; requisito fundamental según los habitantes del lugar.
Aunque se ha prometido volver, esta vez, si es posible, con el favor divino, en “ese viaje he aprendido cosas muy importantes; descubrí lo que es ir tras algo superior a ti, lo que se aprende en ese viaje es perseguir un sueño”.
Preguntas

Por supuesto, el turno de preguntas posterior a la exposición de Javier Sierra fue largo y distendido, y sirvió para conocer algunas de las sincronicidades que hicieron que escribiese “La Dama Azul”; descubrir su visión sobre el posible uso de algunas cámaras de las pirámides de la IV Dinastía para crear estados alterados de conciencia mediante la acústica; su firme creencia en una civilización X previa a Egipto; la posibilidad de que exista conciencia sin materia; su apuesta por las teorías sobre la panspermia, incluso por la panspermia dirigida, y su mensaje de que “hay esperanza, esto no se acaba con la muerte” aunque en nuestra sociedad ‘nos hayamos convertido en esclavos del momento”.


